Encoded Textiles, Mensajes de Origen Milenario con Tecnología Moderna

Textiles que hablan de saberes milenarios a través de celulares. Foto: Guillermo Bert.

Textiles que hablan de saberes milenarios a través de celulares. Foto: Guillermo Bert.

 

Bertha Rodríguez (*)

Los textiles son tejidos por manos indígenas pero sus diseños incluyen códigos encriptados que sólo pueden ser leídos a través de teléfonos celulares.

En su proyecto Encoded Textiles, el artista visual Guillermo Bert, logra que los textiles hablen de nueva cuenta, de la ancestral cosmovisión de los pueblos indígenas pero ahora en interacción con la tecnología moderna.

Se trata de un arte conceptual contemporáneo innovador que combina el arte de los tejedores indígenas y sus historias, con la experiencia de Guillermo Bert quien aporta su conocimiento de las artes visuales, el diseño gráfico, la criptografía y las nuevas tecnologías de la comunicación.

En su primera fase, Encoded Textiles consiste de diez piezas textiles elaboradas por tejedores mapuches de Chile pero muy pronto Bert echará a andar un proyecto similar en lo que llama el edén de los textiles, cerca de la capital de Oaxaca. Su trabajo además, será desarrollado con indígenas nativoamericanos de Estados Unidos y otros países del continente.

El arte textil en América tiene una historia de más de dos mil años; es una herencia de los pueblos originarios que han conservado los métodos de tejido ancestral para plasmar su historia, su cultura, sus mitos y acontecimientos importantes, a través del tiempo.

Por otra parte, en la actualidad prevalece el uso de códigos encriptados para almacenar identidades, intercambiar mensajes secretos o facilitar transacciones comerciales.

Es común ver estos códigos en los pases para abordar un avión, en las identificaciones y licencias de manejo, en los brazaletes que ponen en los hospitales, y en los códigos de barras de productos que encontramos en cualquier supermercado.

Estas dos tecnologías, que tienen muchas similitudes pero que a la vez parecieran desconectadas por el tiempo y los usos, son fusionadas en las piezas del diseñador chileno.

En entrevista, Bert nos explica que a través de su trabajo busca capturar la presencia y la lengua de pueblos indígenas.

“Es la fusión de dos culturas, una cultura milenaria a través de los textiles, con tecnología moderna de codificación y código de barras através de teléfonos celulares como los smartphones”, explica.

El proceso incluye entrevistas que Bert sostiene con personajes indígenas como poetas, artistas, chamanes y raperos. Extrae de sus historias, frases o pasajes que ellos quieren compartir con el mundo, los codifica a través de un programa de códigos y los traduce a un lenguaje criptográfico.

Estos códigos a su vez, son tejidos por los artistas indígenas en piezas de 4 x 8 pies y luego se exhiben en museos o galerías de arte.

Guillermo Bert y Anita Paillamil, confluencia de talentos. Foto: Guillermo Bert.

Guillermo Bert y Anita Paillamil, confluencia de talentos. Foto: Guillermo Bert.

Reafirmación cultural y mensajes subliminales

Para llegar a crear un arte basado en los textiles y otros elementos de las culturas indígenas, Guillermo Bert ha recorrido un proceso personal y artístico.

En 1973 cuando ocurrió el golpe militar en su país, Guillermo Bert era un joven a punto de terminar la preparatoria en la capital chilena. Durante los cinco años que estudió Bellas Artes en la Universidad Católica de Chile, le tocó vivir un ambiente que coartaba la libertad de expresión. El país estaba militarizado y muchos jóvenes fueron desaparecidos.

Casi inmediatamente después de que concluyó su carrera, el artista decidió venir a Los Angeles a donde llegó en 1981. Aquí trabajó como diseñador y director de arte en los periódicos La Opinión y Los Angeles Times por varios años.

También dió clases de diseño e ilustración en la Arts Center School of Design de Pasadena. Paralelamente, se dedicaba a pintar en técnicas mixed media.

Con toda esa formación y conocimiento, Bert comenzó a crear una serie de piezas sobre madera, cubiertas de pintura de oro (hoja dorada), en base a iconografías de la sociedad norteamericana y códigos de barras, serie a la que llamó Branding America “disolviendo los límites entre culturas y mercancías”.

En una de sus obras se aprecia una Casa Blanca hecha con código de barras, pieza a la que titula White Lies, en alusión a la administración de George Bush.

La serie también incluye piezas como Oil Democracy, Fragil Democracy y otras que fueron exhibidas en 2009 durante cuatro meses en el Museo de Arte Latinoamericano de Long Beach.

Guillermo Bert basó esta serie en la idea de que valores como la democracia o la justicia también se han convertido en mercancías que tienen un valor monetario, al grado de que en la sociedad actual “la gente tiene acceso a la democracia o a la justicia solamente si está en una posición muy ventajosa dentro de la sociedad”.

En su obra, Bert explora el aspecto subliminal de la percepción a través del cual nuestro inconsciente capta mensajes que no son evidentes a simple vista.

Uno de los fundamentos de su arte es la idea de que la globalización implica la comercialización de casi todos los aspectos de la vida. Los jóvenes están más expuestos a incorporar aspectos de otras culturas y por ello se busca que conserven elementos de su propia cultura.

Código de barras en tejido. Foto: Guillermo Bert

Código de barras en tejido. Foto: Guillermo Bert

Diseños antiguos

La geometría de los diseños de los textiles indígenas del continente Americano son muy similares a los de los códigos de barras. El código moderno que más interesó a Guillermo Bert fue el Código Azteca porque en el centro se puede apreciar una pirámide vista desde arriba y porque es similar al QR, uno de los códigos que más se usan en la actualidad.

Las figuras geométricas se encuentran en textiles de los mapuches que habitan el sur de Chile, en los tapetes de los zapotecos de Oaxaca o návajos de Nuevo México.

Guillermo Bert decidó fusionar la tecnología moderna, capaz de digitalizar la identidad de las personas con elementos de las culturas cuya identidad enfrenta un proceso de aniquilación al desaparecer sus idiomas, costumbres y tradiciones.

En el 2009, Bert viajó al sur de Chile para iniciar el proyecto en el que incluyó entrevistas que fueron registradas en un documental. Platicó con poetas, machis (chamanes) y performers que narraron historias en su lengua nativa, el mapudungún.

Paralelamente, Anita Paillamil comenzó a tejer el primero de los diez textiles de esta primera fase. Las dificultades de coordinar el trabajo entre Los Angeles y Nueva Imperial, en el sur chileno, hicieron traer a la tejedora indígena, quien llegó a la urbe angelina con todo y lana para fabricar el hilo y completar la piezas. En ocho meses, Paillamil terminó todas los tapetes de este proyecto.

Para descifrar los mensajes que aparecen en los textiles, es necesario descargar la aplicación neoreader, la cual se baja de manera gratuita del internet.

Una vez escaneado el código de barras que está en el centro del textil, se pueden leer frases como las del mapuche Juan Caruqueo: “Yo siempre estoy mirando hacia atrás para entender las enseñanzas de nuestros ancestros”, la cual aparece en la pantalla del celular. Al lado de la pieza textil, hay un video museográfico en el que el machi o curandero habla de los atributos medicinales de las plantas -como la flor del canelo-, que aún existen en los andes.

En los códigos insertados en los textiles también se pueden descifrar poemas como los de Graciela Huinao, quien en su Salmo 1492 acusa que los europeos nunca fueron el pueblo elegido sino que fueron quienes “nos mataron con la señal de la cruz”.

Los videos que forman parte de las exhibiciones, aportan información sobre la cultura mapuche contada a través de personajes mitológicos como Lorenzo Ayapán conocido en todo el mundo como el Hombre Pájaro (porque es capaz de imitar el canto de todos los pájaros de la región).

Bert aún está por concluir otras cinco piezas en Chile, las cuales incluyen historias de un joven rapero que hace hip pop en mapudungún, la lengua de los mapuche, además de una cocinera que muestra recetas tradicionales de su comunidad indígena.

Arte de pueblos indígenas, puesto en código para leer con tecnología moderna.  Foto: Guillermo Bert.

Arte de pueblos indígenas, puesto en código para leer con tecnología moderna.
Foto: Guillermo Bert.

Hacia el Edén de los textiles

Enterado de que en México existe una gran diversidad de textiles, Guillermo Bert asistió a una exhibición en el museo de arte de Ventura, California en la que participó la cooperativa textil de Teotitlán del Valle. Ahí había más de 20 distintos tipos de diseño trabajados en seda y otros materiales.

De ahí nació la idea de trabajar con tejedores oaxaqueños quienes tienen la ventaja de usar telares de pedal, que a diferencia de los telares que se usan en Chile, logran un tejido más fino y una producción más rápida.

En Oaxaca ya inició el trabajo con el zapoteco Lorenzo Bautista y su familia de tejedores, que viven en Teotitlán del Valle. La idea es encontrar a personas indígenas que tengan historias originales que contar para que sean incluídas en los textiles.

Dado que su obra se basa en los textiles, “ir a un lugar donde todo el mundo son textileros, es como el edén para el proyecto”, afirma Guillermo Bert.

En la segunda fase de su proyecto, Bert busca no solamente incluir historias de la gente que vive en la comunidad sino explorar el tema de la migración y hablar de los zapotecos que han salido y ahora se encuentran en otras partes del mundo.

El artista busca individuos que no necesariamente sean personas reconocidas sino que cuenten una historia interesante y que hablen un idioma indígena.

En el caso de los migrantes, busca capturar sus experiencias desde la perspectiva de alguien que sale de su comunidad, complementándola con alguien del pueblo que teja la historia de la persona que se fue.

Sería como rendirles un homenage, anticipa Bert, quien también busca crear un puente entre las personas de la comunidad y las que salieron y se encuentran en otras latitudes.

Los planes de Guillermo Bert van más allá y en un futuro cercano espera hacer lo mismo pero entre las distintas naciones indígenas de Ecuador, Brasil, Guatemala, Bolivia, Perú, Canadá, Estados Unidos y otros países.

De esa manera, un artesano navajo en Arizona podría tejer un textil con la historia de un mapuche o de un oaxaqueño o que éstos pudieran tejer una historia de un hopi o de otro indígena americano.

Los tejedores que Guillermo Bert necesita pueden ser tejedores de textiles pero también de chaquira o cestería. “Todo lo que sea tejido porque mi idea es que estamos tejiendo historias juntos. Las historias son el hilo común, el hilo que une a las culturas”, indica.

Para el artista, el tejido “es la clave de la pieza que se teje, es como la matriz de la cultura donde todos los pueblos están relacionados. Es capturar el concepto a través del tejido que es una cosa muy noble, muy antigua, muy ancestral”.

Bert también tiene la intención de replicar este proyecto con aborígenes de Australia y Nueva Zelanda. Le interesa la visión de los indígenas al margen de la cultura occidental contemporánea pero usando medios tecnológicos que permitan a más personas conocer sus culturas.

El proyecto de Guillero Bert no se limita a los textiles. También tiene en mente elaborar juegos didácticos para niños a base de códigos de barras que incluyan palabras en zapoteco y otros idiomas indígenas.

Guillermo Bert hace una distinción entre su proyecto y los trabajos antropológicos que muestran a las culturas indígenas como si no existieran en la actualidad. “La verdad es que es una cultura viva y hay que conservar y preservar eso”, dice.

Se trata, agrega, de insertar lo tradicional al contexto del arte contemporáneo.

“Es más complejo porque se busca que el objeto sea una pieza de arte contemporáneo, hecho por indígenas con historias indígenas”.

Guillermo Bert ha financiado su trabajo por cuenta propia, con la venta de sus piezas a coleccionistas privados. Para el proyecto de los textiles, sin embargo, está buscando apoyo económico para cubrir el viaje y los gastos de hospedaje, etcétera.

Los interesados en financiar parte de su proyecto obtendrían una deducción de impuestos además de recibir crédito.

De lo individual a lo colectivo

A diferencia de sus obras anteriores, en las que Bert presentaba una obra artística producto de su trabajo, visión estética y percepción individual como artista, el proyecto de los textiles es más participativo.

“El arte en general es más individualista, es la visión del artista y yo creo que en este caso mi visión no se ha disminuído por el hecho de compartir un poco el spotlight sino que al contrario, la comunidad hace que tenga más fuerza en el fondo. Lo importante es que sea original y que tenga fuerza”, comenta.

El arte de Guillemo Bert es un arte conceptual en el que las obras son hechas físicamente por indígenas. “Yo podría aprender a tejer pero lo importante es que lo haga la gente que lo ha hecho por miles de años y que eso y la tecnología se junten y estén contando sus propias historias”, dice el artista chileno.

Museos en espera

Los textiles que usan códigos de barras para hablar de historias milenarias resultan alucinantes.

Alrededor de 12 museos de varios países ya han confirmado su interés de exhibir el trabajo de Bert y los tejedores indígenas. La idea es que la obra sea itinerante.

En octubre del 2014, el Museo de Arte e Historia de Lancaster, California, será sede de una instalación de piezas de los pueblos indígenas del Valle del Antílope en combinación con textiles zapotecos y mapuches. Se trata de apreciar la cultura indígena local “pero a la vez traer todo este concepto globalizado de la cultura mesoamericana o prehispánica”, explica.

Bert también planea presentar estructuras fenomenales en tercera dimensión. Tiene en mente crear instalaciones de 40 x 60 pies, una especie de laberinto mapuche que visto desde arriba forme figuras de códigos.

El Museo Nacional de Bellas Artes y Centro Cultural de La Moneda, en Chile, esperan una exhibición de ese tipo en un futuro cercano.

El Museo de Arte y Diseño de Nueva York y el Museo de Arte de Denver, Colorado así como otros cuatro museos de Nuevo México también están interesados en montar una exhibición de los textiles.

Con su trabajo, sostiene Bert “la cultura empieza a tener un valor per se, no es una cosa de consumo sino que es una cosa que tiene un valor por la humanidad, para que no se pierdan esos valores de la humanidad”.

Visita la página de Guillermo Bert: http://gbert.com

(*) Nota publicada originalmente en la revista digital El Tequio en noviembre del 2o13.

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