Enfoque humanitario a la crisis de menores detenidos, piden organizaciones (VIDEO)

Apoyo total a los menores inmigrantes refugiados en el albergue de la base militar de Hueneme, Ventura, CA.

Apoyo a los menores inmigrantes refugiados en el albergue de la base militar de Port Hueneme, Ventura, CA. Fotos: © Bertha Rodríguez

Bertha Rodríguez-Santos

En su máxima capacidad, la base naval militar de Port Hueneme, en el condado de Ventura, California, albergaba el martes 8 de julio, a 575 migrantes menores no acompañados que fueron detenidos por agentes migratorios. Desde hace poco más de un mes, todos los días entran y salen de este refugio provisional, cientos de niños y niñas en su mayoría procedentes de Honduras, El Salvador y Guatemala.

Claudia y Kathy, al igual que Daniel, José y William, se encuentran entre los cientos de adolescentes de entre 13 y 17 años, que esperan ser reunificados con sus familiares que viven en distintas ciudades de Estados Unidos; ser transferidos a centros de cuidado de menores, o en el peor de los casos, regresar a sus países de origen.

A igual suerte se han enfrentado miles de menores de entre 6 y 18 años que han pasado o se encuentran en la Base de la Fuerza Aérea Lackland, en San Antonio, Texas y el Fuerte Still, en Lawton, Oklahoma. Está por darse a conocer la apertura de un cuarto albergue en Washington D.C.

“Cuando vi a estos niños, me vi a mí misma”, dijo entre lágrimas Martha Arévalo, directora ejecutiva del Centro de Recursos Centroamericanos (CARECEN), quien formó parte de una delegación de observadores integrada por obispos de iglesias de varias denominaciones, clérigos y organizaciones de derechos humanos que ingresaron al albergue de Port Hueneme.

Iglesias del Sur de California llaman a la "compasión y humanidad" hacia los niños migrantes.

Iglesias del Sur de California llaman a la “compasión y humanidad” hacia los niños migrantes. Foto: © Bertha Rodríguez

A diferencia del rechazo que la presencia de los menores desató días atrás en la ciudad de Murrieta por parte de grupos anti-inmigrantes, la comunidad del condado de Ventura dio la bienvenida a los menores.

En las afueras de la base militar de Hueneme, cientos de manifestantes se congregaron para expresar el respaldo hacia los niños como un gesto de “humanidad y compasión” y a la vez, escuchar el reporte de la delegación de observadores que recorrieron el interior las instalaciones militares.

Alrededor de las 11:00 de la mañana, una caravana en apoyo a los menores migrantes partió del Centro Laboral de UCLA en el área del parque McArthur de Los Angeles, encabezada por la Red Nacional de Jornaleros y CARECEN , con la participación de otras organizaciones de migrantes centroamericanos y mexicanos como la Red Mexicana de Líderes y Organizaciones Migrantes (Red Mx).

"Héroes, no presos políticos", señala letrero de un joven padre que se presentó a manifestar apoyo.

“Héroes, no presos políticos”, señala letrero de un joven padre que se presentó a manifestar apoyo. Foto: © Bertha Rodríguez

Como parte de la caravana en apoyo a los menores detenidos, la directora ejecutiva de la Red Mexicana, Angela Sanbrano destacó la importancia de que la comunidad mexicana se pronuncie en solidaridad con los niños centroamericanos detenidos.

Dijo que la tarea más importante en estos momentos es “asegurar que los niños no sean deportados a sus lugares de origen de donde vienen huyendo de la violencia y persecusión por parte del crímen organizado”.

La caravana se encontró un par de horas más tarde, con el grupo de observadores que ingresaron al albergue instalado en la base militar de Hueneme.

Los obispos Minerva Carcaño, de la Iglesia Unida Metodista de Los Angeles, John Bruno, de la Iglesia Episcopal de Los Angeles, Juan Carlos Méndez, de la Iglesia Bautista Bethel así como Vanessa Frank, presidenta de Clérigos y Laicos por la Justicia Económica (CLUE), entre otros, fueron parte de la delegación de observadores.

También se hicieron presentes la vice-alcaldesa de Oxnard, Carmen Ramírez y los senadores Kevin de León y Ricardo Lara (éstos últimos sólo dieron entrevistas a los medios de comunicación a unas cuadras de la entrada de la base militar).

Grupo de jóvenes mixtecos muestran solidaridad con los niños centroamericanos.

Grupo de jóvenes mixtecos muestran solidaridad con los niños centroamericanos. Foto: © Bertha Rodríguez

Los sentimientos de madre fueron los que afloraron en Martha Arévalo quien en medio del llanto confesó: “cuando los vi sonriendo, sabía que ellos tenían miedo y que estaban solos. Como padres a veces tenemos que tomar decisiones difíciles y estos padres y estos niños tienen que tomar decisiones de vida o muerte y no se trata de (que oyeron que están dando) amnistía en Estados Unidos o lo que la gente piensa que es, sino que se trata de sobrevivencia”.

Recordó que las causas que han empujado a los menores a dejar sus hogares es la violencia que se ha recrudecido en varios países centroamericanos como secuelas de décadas de guerra civil, la llamada guerra contra las drogas, así como la existencia de pandillas y carteles de la droga.

“Están viniendo porque viven en la pobreza, son comunidades que se están recuperando de la guerra civil en sus países, tratando de sobrevivir el crímen de las pandillas y narcotraficantes”, subrayó Arévalo.

También destacó que debido a estas condiciones, los menores y sus familias “están tomando decisiones de vida o muerte y están cruzando la frontera, caminando por días enteros”.

Angela Sanbrano de la Red MX coincidió en que la presente se trata de una situación de crisis humanitaria que demanda una respuesta de emergencia por lo hizo un llamado a la unidad entre los miembros y organizaciones de la comunidad para apoyar a los niños.

onmovida por la situación de los menores, Jessica Flanagan organizó la ayuda en el condado de Ventura.

Conmovida por la situación de los menores, Jessica Flanagan organizó la ayuda en el condado de Ventura. Fotos: © Bertha Rodríguez.

La comunidad de Ventura donde se encuentra la base militar tuvo una presencia importante. Entre los voluntarios destaca Jessica Flanagan, quien desde un principio comenzó a organizar donaciones por parte de la comunidad local para apoyar a los pequeños migrantes detenidos.

Otros entusiastas en mostrar su solidaridad con los menores fueron varios grupos de jóvenes, entre ellos, varios de la comunidad migrante mixteca de la organización MICOP. “Sin papeles y sin miedo, nuestros niños se quedan aquí”, gritaban en inglés los jóvenes que portaban pancartas de apoyo.

De acuerdo al testimonio de los observadores que ingresaron a la base militar de Hueneme, los menores se encuentran en buenas condiciones. Su rutina diaria consiste en levantarse a las 6:30 de la mañana, tomar un baño; en sus respectivos horarios, hacen tres comidas al día y duermen sobre literas.

Los detenidos reciben clases de inglés y tienen acceso a espacios recreativos donde juegan fútbol; pueden participar en servicios religiosos tres veces a la semana y también tienen servicio de corte de cabello.

Cuentan con la atención de psicólogos, servicios sociales, una clínica y la atención de enfermeras, así como de un médico en caso de ser requerido.

Integrantes de la comisión de observadores indicaron que al parecer, el albergue instalado en Port Hueneme estará en servicio otros cuatro meses más. Este albergue es operado por el Departamento de Salud y Servicios Humanos (HHS), la Agencia Federal de Manejo de Emergencias (FEMA) y el Departamento de Defensa.

Una vez que los menores son arrestados por agentes migratorios, son enviados a centros de detención y ante la falta de espacio, han sido enviados a instalaciones federales.

La Red Mx, presente en la manifestación de apoyo afuera de la base naval militar de Port Hueneme.

La Red Mx, presente en la manifestación de apoyo afuera de la base naval militar de Port Hueneme. Foto: © Bertha Rodríguez

El proceso para decidir la situación de cada menor se determina en un par de semanas; sin embargo, éste apenas es el inicio de un largo proceso que incluye la reunificación con las familias (caso en el que se encuentran alrededor de un 80 por ciento de menores); ser remitidos a centros de cuidado de menores o en su defecto, ser deportados a sus países de origen.

El proceso de quienes se quedan a enfrentar sus casos de manera legal puede definirse hasta en cinco años.

 

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